Alardean

Javier Vizcaíno (Periodista. Director de Más Que Palabras (Radio Euskadi))

Tú no eres de aquí

Confieso que hace años caí en el pecado de la equidistancia. Lo hice, en parte, porque creía sinceramente que actuaba guiado por la imparcialidad, pero también -ahora lo veo- por esa humana tendencia a no buscarse más problemas de los que se tienen, ingenuidad que pagué aumentando el número de quebraderos de cabeza que se iban a dormir conmigo. En mi afán de neutralidad acabé provocando el prodigio de que coincidieran en algo los partidarios del alarde tradicional y del mixto: todos pensaban que era un cobarde y, por el mismo precio, que estaba en el bando contrario, fuera el que fuera.

Mi única coartada (excusa pobre, en realidad) para ocultar la cabeza bajo el ala era la convicción de que un foráneo no tiene todos los elementos de juicio que manejan los locales. Había asumido como verdad irrefutable la frase con la que hondarribitarras e irundarras atajaban siempre mis denuncias sobre el machismo de los alardes: Tú no eres de aquí. Me lo decían personas -y de ahí el desarme que provocaban en mi- que en otros ámbitos se manifestaban como los campeones del mundo del progresismo.

Pero ya no trago más. Doy el paso al frente que desde el principio han dado personas a las que conozco, admiro y estimo, como Xabier Lapitz o Jabier Muguruza. Y lo hago, no porque ellos sí son de allí, sino porque defienden lo que cualquier persona mínimamente cabal: que impedir la participación de las mujeres en una fiesta pretextando la ruptura de una tradición es, además de una inmensa estupidez, un signo de atraso individual y colectivo para el que no encuentro justificación.

Estoy convencido de que la mayoría de hombres -¡y mujeres!- que sólo admiten la presencia femenina como adorno en Hondarribia o Irun pondrían el grito en el cielo ante un atropello similar que ocurriera en cualquier otra parte. Tendrían que conocer a todos sus fantasmas interiores para que les aclaren por qué. En todo caso, lo que no imaginan es el ridículo universal que hacen cuando cada treinta de junio o cada ocho de septiembre la tradición que dicen querer preservar llega a los medios en la crónica de sucesos y no en la festiva.