Izaskun Bilbao Barandica (Presidenta del Parlamento Vasco)
Sería fácil para mi comenzar con una respuesta “políticamente correcta” que no es otra que recordar que el Parlamento vasco aprobó la ley de igualdad para mujeres y hombres para propiciar condiciones de igualdad entre géneros en todos los ámbitos de la vida. El texto, en su artículo 25, obliga a las administraciones públicas “a adoptar las medidas necesarias para evitar cualquier discriminación por razón de sexo y para promover un acceso y participación equilibrada de mujeres y hombres en todas las actividades culturales que se desarrollen en el ámbito de la Comunidad Autónoma de Euskadi. Se prohíbe la organización y realización de actividades culturales en espacios públicos en las que no se permita o se obstaculice la participación de las mujeres en condiciones de igualdad con los hombres“.
Este artículo se redactó pensando en un problema que conozco muy bien, porque integré el grupo de trabajo que analizó el asunto y escucho a todas las partes en conflicto. Se, desde entonces, que los Alardes desde hace unos cuantos años han pasado de ser una fiesta a ser un día de tensión, de conflicto social con consecuencias durante todos los días del año. Un problema que ha deteriorado la convivencia, ha separado familias, ha creado enemistades, ha roto afectos, sentimientos, ha creado mucho sufrimiento. Un precio demasiado elevado para los municipios que lo pagan, poblaciones concretas, en las que hay que convivir antes y después de los alardes.
La ley está para cumplirla, pero sería ingenuo suponer que con eso es suficiente. El texto de la ley obliga, si, a dar una solución inmediata al conflicto como la que ahora se aplica para que una institución pública no de cobertura a una situación de discriminación. Pero creo también que es necesario a ahondar en el origen del conflicto para resolverlo definitivamente. No es tarea fácil aceptar el diagnóstico que se puede hacer del origen, pero hay que empezar por ahí. Es el requisito indispensable para acercar a las partes en conflicto, para animarlas a escuchar y entender las razones del otro, porque necesitamos recomponer los afectos y los sentimientos rotos. Es la única manera de superar las intolerancias, de recuperar el respeto y la convivencia ciudadana. La mayoría de la sociedad vasca, también la de Irun y Hondarribia cree el diálogo es la base de superar los conflictos. Esa es la fórmula que también hay que emplear aquí.
Mientras, Instituciones y personas estamos obligadas a respetar la ley. Tenemos que trabajar para propiciar la participación de mujeres y hombres en todos los ámbitos de la vida, también en los festivos y culturales, si creemos en una sociedad democrática. Pero necesitamos asumir que nos encontramos con una cuestión básicamente emocional, que requiere dedicar mucho tiempo a recomponer los AFECTOS ROTOS. |